Cuba libre

Hay muchos mitos en Cuba. La posibilidad de acabar bailando salsa en cualquier plaza no es uno de ellos. Para las personas que han estado dentro de la burbuja de Fidel los últimos 50 años, el mundo fuera de Cuba es un lugar misterioso, y quienes lo habitan son extraños. Para quienes hemos vivido en el resto del mundo, Cuba es un lugar misterioso, y quienes la habitan son extraordinarios. Así, el encuentro que hoy en día se da entre turistas y cubanos dentro de la isla que por fin está abriendo sus puertas al público, es como un baile entre un salsero clásico y un reguetonero del milenio.

Sin pisarnos los pies, vamos poco a poco sincronizando los pasos. El gobierno ha permitido, como parte del plan de avanzar la industria del turismo en la isla, que residentes privados ofrezcan su vivienda para recibir visitantes, como una especie de Airbnb a lo cubano. En La Habana, Trinidad y en Girón, nos recibieron varias diferentes familias. Intercambiamos historias, rectificamos hechos tanto fuera como dentro de Cuba, y nos maravillamos de la increíble hospitalidad de la gente de esta isla encantada.

Una familia en particular me causó impresión. Con una casa amplia y bonita en una calle principal de la colorida ciudad de Trinidad, esta familia de padres trabajadores, una niña pequeña y un bebé, se mudaron a vivir con parientes para poder ofrecer la casa entera a turistas. Es un sacrificio grande, sobre todo con el bebé, pero les vale la pena. En rentar la casa por un día a turistas, me contó el padre, gana más de lo que recibe en un mes como economista. Aun así, conseguir cosas como jabón líquido es difícil, sin importar cuánta plata tenga uno, pues las tiendas no están bien abastecidas.

Todas las familias que nos recibieron hicieron un gran esfuerzo por acomodarnos con lo que para nosotros es básico y para ellos es un lujo. Llegamos una noche a encontrar que nos habían preparado una cena impresionante. La mesa puesta con todos sus detalles, platos y bandejas de moros con Cristianos, vegetales frescos, chuletas de cerdo, maduro frito, puré de papa, todo servido con adornos comestibles y un esfuerzo palpable. Le hace a una pensar, el ver gente que aprecia tanto lo que le toca, que tal vez el capitalismo que tanto condenaba Fidel no era el monstruo que él advertía, necesariamente, pero de algún mal si se libró la gente cubana, al menos por un tiempo.

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